Un salón ordinario con un habitante ordinario. Un invitado parece prometer una fiesta que palie la soledad del anfitrión hasta que ambos rehuyen la confraternización para recrear la historia de un paleontólogo asesinado en algún lugar de Italia y para hablarnos de él, Alejandro, con 30 años y soltero desde hace 30 años: al final, dicen, lo que cuenta es dejar de estar solo. La entrada de dos invitadas más convierte el salón en un desenfocado remedo de Friends (aunque Alejandro siempre ha sido más del Un, dos, tres…) situado en una España en la que la cultura popular es fuente ideológica y validadora constante de la “pareja-pareja” pero que, bajo el influjo de Amistades peligrosas, lucha por encontrar un equilibrio entre el compromiso y la diversión. En una sociedad que no sabe si un soltero empedernido es un casposo solterón o un single liberado, este grupo de amigos, o de conocidos, o de gente que se ha reunido alrededor de un sofá para hablarnos y cantarnos acompañados de un teclado, se permite leer un perfil de GayRomeo sobre una copla de Rocío Jurado y practicar el kama sutra por la mitad (es decir, con la mitad que queda inscrita bajo la piel de un solo individuo) y sueña con reinventar los añorados paseos dominicales con la novia bajo el signo de una inquietud política (o de la inquietud por la desinquietud sobre la política) remozada por los efectos de la cocaína.
Él, decíamos, está soltero, y está solo: es posible que la soledad esté infravalorada como factor de riesgo para ahogarse en la pecera del salón de casa, pero también lo está como epidemia que, imparable, nos hace olvidar que el ser humano es un ser gregario y que nuestra civilización nació, quizás, en algo no tan distinto a la terraza de un bar.

Buena Bella Dulce es un conjunto de individuos que se relacionan y entran en diálogo a veces sobre teatro. Otras veces sólo hablan de lo que miran, de lo que ven y de lo que les preocupa. Después intentan convertir todo eso en imágenes en movimiento. En un proceso de aprendizaje constante, intentan alimentarse de todo aquello que consideran interesante para su desarrollo como futuros artistas: danza, teatro, pintura, escultura, literatura, filosofía, cine, tv, wc, lsd, mdma, etc. conciben la creación como un proceso aglutinador de experiencia, en el que los roles pre-asignados no cobran demasiada importancia dejando que el trabajo de unos infecte al de los otros.
Alejandro Curiel estudió interpretación en la Escuela de Arte Dramático de Valladolid, completando su formación en danza contemporánea y teatro visual. En Barcelona trabaja como actor y se especializa en dirección escénica en el Institut del teatre, colaborando en diversas producciones de pequeño formato. En 2015 comienza a trabajar en su primer proyecto, Buena Bella Dulce, que estrena en diciembre en la Sala Hiroshima.


Idea + dirección: Alejandro Curiel

Creación + interpretación: Guillem Barbosa i Alejandro Curiel

Piano + veu: Laura Maure y Matilde Campano Pando

Diseño de iluminación, espacio y vestuario: Patricia Albizu y Alejandra Lorenzo

Asistente de dirección: Álvaro Sanjuán

Fotógrafo: Oscar Chocano

Una producción de: Institut del Teatre

Duración: 70 minutos

Institut del Teatre, logo hor blanc sobre negre



ENTRADAS

[ecs-list-events cat=’all-by-myself’ venue=’true’ ]

ENTRADAS

TE RECOMENDAMOS…